Header AD

Lectura recomendada: Javier Méndez vs Victor Mesa

Víctor se transformaba en Van Gogh, el genio loco, y Javier alcanzaba la elegante blancura de un paño del viejo Zurbarán.
Víctor se transformaba en Van Gogh, el genio loco, y Javier alcanzaba la elegante blancura de un paño del viejo Zurbarán.

El cuerdo y el loco

Por Michel Contreras


¿Quién gana en mis simpatías? ¿Quién, en mi admiración o mis nostalgias?

El que niegue que Víctor Mesa ha sido el centerfielder más grande de las Series Nacionales, sería capaz de todo. Su ignorancia, su animadversión o las dos cosas, podrían llevarlo a cuestionar la grandeza de Paul Gascoigne, el legado de Charles Barkley o –para entrar en materia- el garbo del memorable Javier Méndez.



Yo crecí viéndolos a ambos. Eran insuperables, cada cual en lo suyo, aunque al final sus caminos desembocaban en el arte instintivo y hermético del béisbol. Allí, sobre el diamante, Víctor se transformaba en Van Gogh, el genio loco, y Javier alcanzaba la elegante blancura de un paño del viejo Zurbarán.

Voy a decirlo por enésima vez, y que me maten: el tercero en la fila, después de Omar Linares y Luis Giraldo Casanova, es Víctor Mesa. Un hombre que cuando estaba en el terreno, cada día cambiaba el argumento de la historia.

Por ejemplo, podía llegar a alguna base y enloquecer literalmente al pitcher, que se iba de juego y llegaba a cometer el grosero disparate del balk. O salir para home, embalado y triunfal, como le hizo a Ángel Leocadio Díaz delante de mis ojos, que lloraron con la rabiosa contención del niño que yo fui. O ir en busca de un fly y decirle que no a esa pelota, que no podía salirse del estadio porque él iba a saltar junto a la cerca, la atraparía y luego quedaría oscilando sobre el límite del parque como un demonio acróbata.

Jamás voy a olvidarlo. Cuando el zurdo Omar Ajete –rectas de humo, curvas de Kim Kardashian- estaba en su esplendor, el “32” le montó un espectáculo que incluyó varios rezos antes de consumir su turno al bate. Después le dio jonrón, corrió la vuelta al cuadro dando gritos y saltos y más gritos –Van Gogh en Saint-Rémy-, y entendí que los tipos diferentes suelen dar emociones superiores.



(Dicho esto, aprovecho para aclarar que odio las latas de sopa de Andy Warhol, los uniformes escolares y todo lo que pretende hacernos ver idénticos los unos a los otros).

Capaz de un homenaje y un entierro, apto para pegar casi 300 jonrones y estafar unas 600 bases, de tirarse en home plate a una altura demencial y poner un desplante encima de otro, VM es un tipo de pelotero irrepetible. Ya lo escribí una vez: “Juego a juego y nostalgia tras nostalgia, he entendido que la esencia del deporte se parece demasiado a Víctor Mesa. Y que en algún idioma de este mundo —no sé en cuál— su nombre debe ser traducido como béisbol”.

Javier era su némesis. No solo porque jugaba en Industriales, que es el archirrival de demasiados, sino porque también tenía un modo particular de hacer las cosas. Aunque eso sí, podía ser muy él, pero sabía ser de todos. Para mí, el “17” ha sido el modelo a seguir (¡urbi et orbi!) por todo el que se empeñe en ser querido por la grada. Nadie lo odió en Santiago; nadie, en Pinar o Villa Clara.

Sus guantazos marcaron un antes y un después en materia de suspense, drama y delirio. La gente iba al Latino para ver cómo se posicionaba debajo del batazo (daba igual si había siete contrarios en las bases) y entonces abanicaba con su eterno, infalible jabuco que engullía la pelota mientras la bulla transportaba al Cerro hasta Mazorra.



Fuera de ese episodio aventurero –acaso su único vínculo con los excesos-, Javier Méndez escribía su pelota con trazos pausados. Cero aspavientos, nada de alharaca. No tenía interés por ser el foco, y a ratos dio la sensación de que hubiera preferido ser un héroe anónimo, invisible para esas multitudes tropicales que tan poco entroncaban con su carácter de apacible ciudadano de Estocolmo.

Pero eso era imposible. No podía pasar inadvertido un jugador con average de .327 en 22 campañas. Una estrella de más de dos mil hits y .440 de porcentaje de embasado. Un símbolo crucial de ese club de ropa añil, biografía fulgurante y lúgubre presente.

MI VOTO: Ambos podrían decir, como Sinatra, “I did it my way”. Sin embargo, a pesar de mi (hoy caduca) pasión industrialista, siempre le vi algo especial a Víctor. No sé muy bien. Quizás un toque de locura y distinción. O acaso fuera imán. Sangre, tal vez.

Con información tomada de OnCuba

Lectura recomendada: Javier Méndez vs Victor Mesa Lectura recomendada: Javier Méndez vs Victor Mesa Reviewed by Daniel de Malas on lunes, diciembre 26, 2016 Rating: 5

13 comentarios

Anónimo dijo...

Yo mejor diría el chiva vs el loco

JUAN CASTANEDA dijo...

VICTOR O EL CABALLO LOCO,,ELMEJOR CENTER EN LA HSTORIA DEL BASEBOLL CUBANO

Anónimo dijo...

Caballero Victor siempre fue un payaso y jugó con aluminio toda su carrera. No hay un batazo bueno a la hora buena, nada. Pura payasería y mas nada
Javier tenia un swing bonito y ya. Otro de aluminio. No hablen mas, Lazaro Contreras era el papa de los Centre field en cuba.
Dejen la muela.

Anónimo dijo...

Lazaro Contreras (Q.E.P.D) iba para el right field del equipo Cuba. Victor era mucho mas tecnico y genial. Una de las cosas mas grandes y buenas que le ocurrio al beisbol cubano COMO PELOTERO. El solo lleno estadios, luego aparecieron imitadores y competidores como Javier, Contreras, Jorge garcia, Pablo Hdez....etc, pero todos a una prudencial distancia. Si a Victor lo dejan retirarse cdo el queria, se hubiera ido como recordista en todos los departamentos del beisbol.

Anónimo dijo...

Oigan el tipo seria lo que quieran pero el tipo fue tremendo peloterazo.aqui en mlb le hubieran dado una tonga de melones.

Anónimo dijo...

anonimo 1 el unico chiva alli es victor que hace loque le da la gana, y va a dominicana conelhijo y va a usa, dime tu quien es el chiva, respeta mas a javier que siempre fue mas caballero que el loco de basura.

ojala tu hijo fuera pelotero y caiga bajo las garras de ese HP32 PARA que veas como lo vas a odiar

Oer Gles dijo...

oiga VM es un fuera d serie,les puedes gustar o no pero era un show,Medez,contreras buenisimos pero el loco era superior

Hector Duenas dijo...

Alquien quizas se acuerde...Gerardo Simon de Gtmo daba eso guantazos primero que Javier, pero no era de Industriales y ademas no fue más del monton...pero que daba esos guantazos...hubo otro pero ya después que Javier..Leonel Bueno..pero igual nada sobresaliente...

Hector Duenas dijo...

Alquien quizas se acuerde...Gerardo Simon de Gtmo daba eso guantazos primero que Javier, pero no era de Industriales y ademas no fue más del monton...pero que daba esos guantazos...hubo otro pero ya después que Javier..Leonel Bueno..pero igual nada sobresaliente...

Lemay Blanco Gonzalez dijo...

Javier jugó varias temporadas con madera... incluso, impuso record de empujadas con 92, creo que fue en su último año con 19 Hr y 92 IMP.

Ricardo Fernandez dijo...

JEJEJEJE EL 17 AZUL MI CF TODA LA VIDA DE LOS MEJORES BATEADORES DE CUBA SIN DUDAS Y UNO DE LOS QUE MENOS SE PONCHABA TAMBIÉN ,PERO UN SACO DE SAL SIEMPRE SE LESIONABA PERO NO ERA SEGUNDO DEL PAYASITO, CUIDADO CON ESO.

Ricardo Fernandez dijo...

JEJEJEJEJE, COMO VAN A METER A SIMON EN ESTA ECUACIÓN, TRANQUILO NAGUITO ESE NO CLASIFICA CON ESTOS DOS ANIMALES.

Anónimo dijo...

Soy capitalino y recuerdo a Gerardo Simón en el Latino, en efecto, tiraba los guantazos antes que Javier, pero lo que más me gustaba de Simón era la elegancia con la que corría hacia ambos lados del centerfield capturando la bola a la altura de la cintura con su brazo izquierdo y guante muy cerca del cuerpo.
En la IX Serie Selectiva jugando para el equipo Orientales, Gerardo Simón ganó el título de bateo con 350 de promedio.

Post AD