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Almanaque Beisbolero: Una curva de Oro... ¡De Campeonato! (+VIDEO)


Por Yirsandy Rodríguez.

Un día como hoy 28 de junio, pero de 2002, hace 14 años, el zurdo Oscar Gil lanzó el pitcheo más significativo, su curva más quebradora y dominante, el lanzamiento más importante de su carrera, de los Cachorros de Holguín y de muchos fanáticos, que esperaron por años festejar un título en la Serie Nacional de Béisbol.

Solo un pitcheo... una curva de Gil, que ponchó al extra clase bateador Frederich Cepeda, fue necesaria para que explotara una entusiasta afición en el Estadio Calixto García, que acompañó de principio a fin a su equipo en la sensacional historia de la 41 Serie Nacional de Béisbol.


El encontronazo final: Gallos versus Cachorros

Recuerdo que viví la gran finalísima de la pelota cubana, sin moverme apenas de al lado del radio de mi abuela, escuchando la espectacular narración de Ramón “Piti” Rivera –la voz más centelleante y divina que han escuchado mis oídos beisboleros— y Roberto Pacheco –el comentarista más polémico y popular que solía hacerme sonreír con sus dicharachos.

Es que siempre he sido un fanático de la radio, aunque no dejaba de apreciar las mejores jugadas, toda vez que las escuchaba y se producían, corría a divisarlas en el televisor caribe de mi casa.

Era la noche decisiva, la del 28 de junio de 2002, donde se jugaban el todo o nada, las tropas que dirigieron en 90 juegos, cuartos de final y semifinal Lourdes Gurriel –en su debut flamante como manager— por los Gallos de Sancti Spíritus, y Héctor Hernández al mando de los valerosos y combativos Cachorros.


¿Quiénes eran los Cachorros? 


Un equipo polivalente (55-35), de poco poder –el líder en cuadrangulares del equipo fue el jardinero Waldo Denis con 9— pero de mucha velocidad, juego agresivo en las almohadillas –robaron 73 bases—, batearon .300 colectivamente en una liga que se promedió .293. Ellos tenían un gran valor a la hora de hacer contacto con la pelota, sonaron 923 hits –a 9.2 por juego—, de ellos (154) fueron dobles, y (28) alcanzaron las tres estaciones.

El trío de Juan Pacheco (101), Juan Rondón (105) y Waldo Denis (121) ayudaron a que Maikel Peña impulsara la carrera del empate o la ventaja en (15) ocasiones, y fueron como ‘demonios’ en las bases, catalizadores la mayor parte de las carreras del equipo. La buena defensa no faltó, con (100) jugadas de doble matanza, donde sobresalieron en las esquinas, el antesalista Juan Rondón, y el inicialista Gabriel Rojas, este último con sus espectaculares atrapadas acrobáticas estirándose, convirtiendo disparos desviados, en ilusiones ópticas que terminaron siendo outs.

En el box, las actuaciones de los derechos (de estilo lateral) Luis Miguel Rodríguez (13-6, 2.89-PCL) y Orelvis Ávila (14-7, 2.81) se unieron a (13) éxitos más, que unificaron los zurdos Reinaldo Silva (7-7) y Oscar Gil (6-2), fórmula que, para “Tico” Hernández, fue suficiente para ganar, teniendo en cuenta que su pitcheo tejió una efectividad de 3.48, y el bateo a crear un promedio de 4.96 carreras por partido.


¿A quiénes se medían los Cachorros?

A algo bien serio. Se trataba de una nueva generación que tenía en las manos el héroe de Parma, Lourdes Gurriel, y que contaba con una sólida novena, que incluía a dos de sus hijos, Yunieski Gurriel como jardinero central –un maravilloso fildeador—, y a Yulieski Gurriel, quien debutaba discutiéndole algunos cintillos diarios al Novato del Años, el industrialista Kendrys Morales.

El poder de la alineación de los Gallos lo concentraban tres toleteros de alto calibre: Frederich Cepeda (10-HR/54-CI), Eriel Sánchez (10-HR/61-CI) y Yulieski Gurriel (7-HR/50-CI). Ese era el corazón ofensivo para remolcar carreras, con Livan Monteagudo (.303/.353(.451) y Yunier Mendoza (99-Hits, y línea ofensiva: .306/.372/.373).

La maquinaria de bateo de Gurriel fue fructífera, pero su pitcheo fue mucho mejor; yo diría que fue demoledor. En un departamento donde los pitchers trabajaron para 3.76, y poncharon a 598 bateadores, escuchar tres nombres solía ser algo tenebroso.

Eran ellos: Máes Rodríguez (219-K), Yovany Aragón (129-K) y el novato Ifreidy Coss (87-K). Eran temerarios, y ponchadores. Tanto así, que de los 598 ponches del equipo, ellos consiguieron 435, algo así como un 73%... ¡Wow, increíble! Máels había ganado 14 decisiones, Aragón 12, e Ifreidy 10, para sumar 36. ¿Saben qué? Esa adición de 36 victorias terminó siendo superior a la marca de juegos que ganaron tres equipos en 90 desafíos: Las Tunas (23), Metropolitanos (31) y Cienfuegos (33), además de igualar las de Guantánamo (36).

Tal y como ven, ese fue el precedente de una serie espectacular que excedió los pronóstico, y se fue al límite decisivo de siete choques.


La colorida finalísima de siete juegos

Sancti Spíritus, había eliminado en el camino a la Isla de la Juventud (4-2) en cuartos de finales, y a Pinar del Río (4-2) en la semifinal. En tanto, Holguín dejó atrás a Camagüey (3-1) en el primer play off, y luego a Villa Clara en una serie que cerró ganando (4-2).

Con pitcheo estelar de Ifreidy Coss, el 18 de junio de 2002, los Gallos iniciaban la Gran Final en el parque Calixto García, ganando por 6-0, con dos triples de Frederich Cepeda, y un grand slam del camarero Osdelvis Bernal.

Una noche después, los holguineros empataron la serie 1-1 tras triunfar por 11-10, apoyados en una colosal actuación de relevo de Luis Miguel Rodríguez por 3.2 inning, sin carreras admitidas, y un cohete de oro de Yoanis Quintana contra Máels Rodríguez, que envió al plato a Óscar del Rosario con el gane en el décimo segundo episodio.

Cuando la serie se trasladó al José Antonio Huelga, no recuerdo predicción alguna que haya aceptado con la realidad. Los Cachorros le entraron con fuerza a la valla de los Gallos, y le sorprendieron en los primeros dos juegos, venciendo 4-3 y 5-2.


Con la serie 3-1, Gurriel volvió a apostar por Ifreidy Coss, y el novato no defraudó lanzando una pelota dominante, para obtener una blanqueada de leyenda, 5-0, en apenas 2 horas y 45 minutos.

Yulieski Gurriel fue el más oportuno con un bambinazo decisivo con las almohadillas llenas de gallos en el inning inicial, suficientes para una actuación de Coss toda la ruta, donde recetó siete ponches y admitió solo cinco hits –dos de ellos de Yoanis Quintana.

La serie buscaba pista y volvía a la Ciudad de los Parques, para así dejar plasmado en los libros de anotaciones al menos una historia más. Pero todo cambió. Hubo séptimo juego.

Yovany Aragón lo forzó con una noche magistral, donde ponchó a 10 rivales, y se mantuvo sólido en ocho capítulos. Frederich Cepeda, quien azotó de principio a fin al pitcheo de los Cachorros, tuvo faena nocturna de 3-3, con un vuelacercas y tres remolcadas.

El resultado final era más que contagioso, lanzando un único mensaje: ¡Bienvenidos al séptimo juego!

Así es el béisbol, impredecible. Con sucesos siempre sorprendentes e inesperados.

La noche decisiva llegaba, el 28 de junio de 2002 (hace 14 años), y el duelo entre Orelvis Ávila, lanzando en casa, e Ifreidy Coss por los visitantes, estaba bajo la lupa a las nueve de la noche cuando Nelson Díaz, el árbitro principal, decretó el play ball.


Con un solo swing, el receptor Ernesto Martínez botaba la pelota contra Coss, y daba a los anfitriones la delantera mínima en el cuarto inning. 
Orelvis Ávila lució como un titán en la lomita, y colgaba uno y otro cero tirando rectas pegadas y sliders quebradores.

En el quinto acto, un doblete de Juan Rondón contra el relevista Máels Rodríguez, se convirtió en la segunda carrera de los Cachorros con un cañonazo de Waldo Denis al prado central, y a la postre la decisiva, la de campeonato.

Recuerdo que en mi casa faltó el fluido eléctrico, se fue cuando bateaba Yunier Mendoza en el primer capítulo, y regresó cuando el juego andaba por el noveno, y un sencillo en el cuadro de Livan Monteagudo fabricaba la primera rayita de los Gallos.

El zurdo de 38 años, Oscar Gil, relevaba a Orelvis Ávila, quien se quedó a ley de un out para darle a su equipo el alegrón de su primer título. Luego, las bases se repletaron con un pasaporte a Yonelkis Villaspando, y el momento cumbre no pudo ser mejor elegido para los pupilos de Gurriel. Venía a empuñar Frederich Cepeda, quien había sido literalmente la pesadilla de los holguineros, a quienes le pegó para .538 en todo el año, con 25 imparables, 18 empujadas y un total de bases de 42, por cuatro dobles, dos triples y tres jonrones –incluyendo uno con bases llenas ante Gil.

La situación era de presión para todos, a sabiendas de que, al final, alguien tenía que salir adelante. Y este fue el zurdo holguinero, pero natural de Baracoa, Oscar Gil, que lanzó un strike en buena zona a Cepeda para echar a andar el turno.


Cepeda abanicó otro pitcheo, y luego recibió dos bolas para conteo de 2-2, con dos outs. Acto seguido, se decidió el campeonato, cuando Oscar Gil le tiró una curva a 79 millas al toletero de 22 años, que lo hizo abanicar al aire, y al mismo tiempo estallar júbilo a toda una afición que se lanzó a festejar en el terreno con sus campeones.

Esa fue una de las curvas más sensacionales lanzadas en la pelota cubana. Y no creo que haya sudo exactamente por su quiebre, o efectividad, sino por la significación y el momento en que Oscar Gil sacó a Cepeda para el out 27.

Estos, sin dudas, son momentos que jamás olvidaremos en la rica historia de nuestra pelota nacional, vivencias históricas que hoy, nuestra sección Almanaque Beisbolero se complace en compartir con ustedes.



RESUMEN DEL JUEGO 7 ENTRE HOLGUIN Y SANCTI SPIRITUS (2002)

Almanaque Beisbolero: Una curva de Oro... ¡De Campeonato! (+VIDEO) Almanaque Beisbolero: Una curva de Oro... ¡De Campeonato! (+VIDEO) Reviewed by Daniel de Malas on miércoles, junio 29, 2016 Rating: 5

1 comentario

  1. Bonito recuerdo q lastimosamente no pude vivir,pero de Malas podrías escribir q ha sido de estos peloteros?,entre Miami y Europa he esta do Fuera 30 años y estoy un poco perdido,gracias

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